JARDINES SECRETOS

JARDINES SECRETOS

Tenemos poco verde, resulta evidente cuando superponemos el mapa de Barcelona al de otras ciudades. Por eso son todavía más valiosos los pequeños reductos que han sobrevivido al tiempo en el que los jardines eran sinónimo de poder y bienestar. También las aportaciones singulares y poco conocidas que han hecho de la ciudad un lugar más habitable.

Les damos la llave de entrada a los lugares secretos, os hacemos partícipes del misterio de los pequeños paraísos perdidos (y reencontrados) que esconde Barcelona.

Jardins de Joan Maragall

Durante la exposición de 1929, Barcelona construyó una nueva residencia real en Montjuïc (con Pedralbes, parece, no era suficiente). El resultado, El Palauet Albéniz, rodeado de unos elegantísimos jardines palaciegos que llevan el nombre del poeta Joan Maragall.

Para sentirse como reyes y reinas los sábados, domingos y festivos de 10 a 15 h.

Jardins Mercè Rodoreda

Entre las página de los libros de Rodoreda se pueden oler perfumes florales, abundan infinitas metáforas del mundo vegetal, tan antiguas como el arte. Su afición por las plantas le han valido a la autora dos jardines con su nombre. El primero, cerca de su Sant Gervasi natal.

Un segundo, prácticamente desconocido, supone uno de los pocos ejemplos de jardín colgante de Barcelona. Lo encontraréis en el Institut d’Estudis Catalans. Contiene una muestra de las flores y plantas favoritas de la escritora, protagonistas directas de su literatura: camelias, glicinas, jazmín, mimosas, nenúfares… Acompañando cada jardinera, placas que identifican las especies vegetales con fragmentos de sus narraciones. Si podéis alejar la vista del verde, mirad la parte trasera del reloj que corona la entrada. El péndulo nos recuerda que el tiempo corre más allá de este tranquilo edén.

Jardins de la Casa Ignacio Puig

En el centro de la ciudad, en Ciutat Vella, con pocos minutos de pasear por la Rambla nos satura el ruido y el gentío. Tenemos la solución, un secreto, lo encontraremos a pocos metros del Liceo y la Boqueria. Nos indica el camino una placa de Parques y Jardines en la puerta del hotel Petit Palace Opera Garden (atención a la vecina fachada de Puig y Cadafalch).Al atravesar la recepción nos sorprende una rica variedad de magnolias, laureles e incluso algún tilo.

Entre las terrazas hay numerosos bancos desde donde escuchar como corre el agua entre las fuentes, casi el único ruido que se escucha en esta arcadia protegida entre edificios. Rodeados de verdor y tranquilidad, no nos cuesta volver a Rodoreda cuando escribía que “las cosas importantes son las que no lo parecen”.

Entrada con ascensor en la calle de Aroles.

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